LA
NUEVA HOMOFOBIA
Por:
Jesús Armando Rivas Lugo (@Trinkt)
Es común leer en la prensa que cada día
nuevos estados, ciudades o países comienzan a construir una sociedad más favorable
hacia el colectivo LGBTTTI. Contrariamente también nos enteramos que algunos
gobiernos recrudecen las penas contra la homosexualidad o, lo más común,
intentan bloquear e incluso anular las conquistas logradas en lo referente al matrimonio
y adopción.
Lo anterior nos muestra la desigualdad
en la que se encuentra el mundo en materia de homofobia, pues mientras unos ya
pueden legislar sobre cuestiones de matrimonio, en otros países apenas se está pugnando
para que la orientación/preferencia sexual deje de ser un delito. Derogar las
leyes que penalizan la homosexualidad es un gran paso pero no lo es todo.
En México, la homofobia se manifiesta
bajo un discurso políticamente correcto. Hay que admitirlo, ya no está de moda
ser homofóbico. Actualmente, todas las personas nos decimos pacifistas,
democráticos e incluyentes. Lamentablemente no es así.
La homofobia se oculta tras un discurso
de tolerancia y aceptación. Esto último
ya lo sabemos. El reto está en saber identificar esos nuevos avatares con los
que se presenta.
La nueva homofobia consiste en aceptar
(o así creerlo) a las LGBTTTI, pero sin aceptar sus derechos. Puede entenderse como
el nuevo discurso y acto de inclusión hacia la diversidad sexual en la esfera
de lo cotidiano y en los medios de comunicación, pero negando los derechos particulares
del matrimonio y la adopción.
En términos generales las personas
niegan discriminar, sin embargo, un análisis minucioso de las conductas e
incluso de las leyes que son aprobadas en los congresos, ponen de manifiesto
que nuestra sociedad aún dista de ser no homofóbica.
Lo que hace nueva a ésta homofobia es
que se encuentra bajo un significado de aceptación condicionada y no
igualitaria, se trata de una aceptación social pero que aún guarda los
prejuicios y arrastra las concepciones de la homofobia clásica y tradicional.
De manera clásica se suele definir a la
homofobia como un miedo irracional hacia las personas homosexuales cuya
consecuencia es la negación de los derechos de éste colectivo. La definición
anterior hacía énfasis en el rechazo hacia las personas homosexuales y dejaba
en segundo lugar el tema de los derechos. Considero que estamos en el momento
preciso para invertir la definición y poner en primer término la negación de
derechos como el principal carácter de la homofobia, de lo contrario se seguirá
creyendo que al perder ese miedo irracional y al tener amistades homosexuales o
lesbianas se deja de ser homofóbico, aunque no se respeten sus derechos.
La nueva homofobia
tiene dos características. La primera consiste en la incapacidad de reconocer
como homofóbicos ciertos discursos y acciones. Somos tan homofóbicos que no nos
damos cuenta de ello. Esto en gran parte se debe a que la aceptación e
inclusión de la diversidad sexual se hace en el tono de lo políticamente
correcto, pero no desde la reflexión. Ahora las personas no dicen “joto” o
“puto” porque hayan reflexionado y llegado a la conclusión de lo denigrante del
concepto; sino por miedo, provocando que dentro de sí, sus concepciones e
imaginarios sobre la homosexualidad y transgeneridad sigan estando iguales.
La nueva homofobia
se presenta junto la imposibilidad de identificar y darse cuenta de nuestra propia
homofobia. Los homofóbicos creen que no lo son. Dado que en el imaginario
social la aceptación a la diversidad se traduce como llevarse bien con quienes
son homosexuales o simplemente no agredirlos, surge la imposibilidad de
identificar que la homofobia también incluye la negación y oposición a que el
colectivo LGBTTTI tenga los mismos derechos. Las frases de la nueva homofobia
van precedidas de “No tengo nada contra los homosexuales” o “Los acepto, son
mis amigos/as”, consecuentemente se agrega “pero no deberían adoptar, casarse, etc.”
La homofobia con el tiempo se ha transformado en otra cosa, no ha desaparecido,
sólo se transformó.
La segunda cualidad
de la nueva homofobia es su carácter resistente. Se resiste a ser identificada
como homofobia. Quien practica la nueva homofobia asume una posición a la
defensiva cuando se trata de igualar la heterosexualidad con la homosexualidad.
Veamos un ejemplo.
Si bien, ya hay
personas que no consideran a la homosexualidad y la transgeneridad como una
patología, existen quienes la consideran un acto electivo. Es decir, argumentan
que aceptan la homosexualidad porque es “una elección”, es “un estilo de vida
que los homosexuales han escogido”. Para estas personas, los seres humanos
nacen esencialmente heterosexuales y por alguna u otra causa “se elige” la
homosexualidad.
Sin embargo cuando se pregunta por el
origen de la heterosexualidad la respuesta es que no tiene causa, esa
orientación sexual no se puede explicar.
Lo anterior ocasiona que, por un lado,
existan personas con una orientación sexual sin necesidad de explicarla y, por
el otro, personas que, bajo las explicaciones de la nueva homofobia, nacieron
heterosexuales pero que por distintas razones “eligieron” y “prefirieron” ser
homosexuales o lesbianas. Si una orientación sexual tiene
causas, las otras orientaciones sexuales deberían también tenerla. Si la
orientación sexual es genética, también la heterosexualidad es genética. Si la
homosexualidad es hormonal también la heterosexualidad lo es. Realizar una
distinción sobre el origen y la causa de las orientaciones no hace nada más que
perpetuar la idea de anormalidad. A este ejemplo también se pueden agregar
todas esas teorías que buscan curar la homosexualidad y que, de manera irónica,
consideran no promover la homofobia.
La discriminación en general
no desaparecerá si antes no hacemos un ejercicio de reconocimiento y revisamos
nuestros prejuicios, clasismos, racismos y formas de misoginia. Es allá donde
el Estado tiene un papel protagónico en la creación de políticas públicas en
materia de discriminación en las que se especifique la homofobia como un
problema y sus consecuencias sobre las personas.
El reto consiste en
identificar a políticos y personalidades y desarticular el discurso de
organizaciones e instituciones que promueven esta nueva homofobia y construir
acciones realmente incluyentes basadas no sólo en el número de espacios,
discotecas, revistas, tiendas o programas de televisión en los que se hable de
la homosexualidad; sino en leyes, programas, presupuestos con perspectiva y el
aseguramiento de una igualdad real y sustantiva en el ejercicio de los
derechos, de todos los derechos.